Al Día de Europa le falta la Noche Noche de Europa, Derecho al Cielo
Gobernanza responsable para cuidar y promocionar, con claridad, nuestros cielos oscuros
9 de mayo, Noche de Europa, Europe Night. En la bandera de la Unión Europea hay 12 estrellas, de oro, confusas y borrosas para la mayoría de sus 446 M. de habitantes. ¿Qué significado tienen las estrellas? La PAC en Castilla León, España. Crédito: Fernando Cabrerizo
La Unión Europea desperdicia cada año miles de millones de euros en “iluminar” el cielo y apagar las estrellas ¡Extravagante, sí! De no ser por el grave daño que causa, semejante estupidez movería a la risa. Con esta inversión, los socios de la UE contribuyen a la contaminación lumínica -España encabeza el consumo de alumbrado público por habitante-. A falta de un mayor esfuerzo investigador, ya sabemos que el exceso de luz artificial afecta a los procesos físicos y químicos de la Tierra, compromete la salud de cientos de especies, incluida la nuestra, altera el proceso de reproducción de un sinfín animales o desajusta los relojes biológicos, entre otras calamidades.
El fulgor innecesario nos quita el sueño, crea un problema medioambiental grave y cierra la ventana desde la que los científicos se asoman al Universo. Europa debe cuidar las noches limpias para que la íntima y remota relación entre el progreso y la observación del cielo continúe.
¿Por qué la Noche de Europa?
Porque al Día de Europa, #EuropeDay!, precede la Noche, claro. Cada 9 de mayo celebramos, desde 1985, la paz y la unidad del continente; hasta ahora, nos habíamos olvidado de la noche, unas cuantas horas de las 24 que tarda la Tierra en dar una vuelta completa sobre su eje. Europa necesita la noche más de lo que cree: juega en la ambiciosa carrera por la neutralidad climática. Tenemos poco tiempo para recuperar la oscuridad natural nocturna. Si conformamos voluntades, como ya lo hicimos en situaciones de emergencia -esta vez es climática- la Noche de Europa nos ayudará a poner la luz artificial al servicio del clima.
Izar y Jokin observan una conjunción planetaria entre Venus (abajo) y Júpiter (se ven los satélites principales). La imagen se captó cerca de Figueres, Girona. Los dos niños forman parte del 25% de la población mundial que aún vive bajo cielos limpios. Crédito: Juan Carlos Casado.
La Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) simboliza no solo una empresa común con la que dar energía a Europa, sino también el rechazo de la guerra; recordemos que la Segunda Guerra Mundial se combatió con carbón y acero. La Política Agrícola Común (PAC, 1962), volvió a unirnos en un momento en el que la memoria del hambre y la escasez estaba bien viva en la mente de los hombres. Se trataba de garantizar que todos pudiesen tener alimentos y proporcionar un nivel de vida digno a los agricultores. En nuestros días, la pandemia, otra vez la guerra.
Toca luchar por el futuro, vinculado de modo ineludible a la salud del planeta, con la integridad del medio ambiente, esta última protegida por el artículo 37 de la Carta de Derechos Fundamentales. La UE se ha comprometido a alcanzar la neutralidad climática no más tarde de 2050 y a reducir, en al menos un 55%, las emisiones de CO2 de aquí a 2030. La Ley Europea del Clima es ya una realidad jurídica ¿Será capaz no solo de generar un amplio consenso social sino de movernos a la acción? ¿Cumpliremos nuestras promesas y lograremos reducir las emisiones de CO2, NOX, SO2 y otras partículas generadas por el alumbrado innecesario? ¿Disminuirá el brillo de los paisajes nocturnos, esa especie de neblina de color anaranjado con nubes refulgentes que cubre las ciudades durante la noche? Las lámparas LED, según los expertos en contaminación lumínica, generan 2,5 veces más polución ¿Eficiencia energética a cambio de suciedad atmosférica?
La población urbana ha aumentado y seguirá haciéndolo en los próximos años de manera exponencial. Naciones Unidas prevé que las ciudades seguirán creciendo, aunque no en igual medida. En Europa, ahora, el 74% de sus habitantes vive en entornos urbanos, sin paisajes celestes. Dentro de pocos años, tan elevado porcentaje de población, si contempla la Vía Láctea será por accidente – tormenta geomagnética, apagón eléctrico, terremoto, etc., - y creerá que se trata de una extraña presencia en el cielo, como ocurrió en Northridge, Los Ángeles, en 1994.
La Noche de Europa, apuesta por una regulación europea que reduzca drásticamente las alteraciones nocivas de la atmósfera terrestre provocadas por la luz, un contaminante ambiental “invisible”. Es una apuesta verde, sostenible y emocionante.
La Estación Óptica Terrestre (OGS), de ESA, en el Observatorio del Teide (IAC), rastrea el firmamento en busca de desechos espaciales y asteroides cercanos. Crédito: Juan Carlos Casado.
El equipo de investigadores de Stars4all, Fundación española que tiene su origen en el proyecto europeo del mismo nombre -ideado por el malogrado ingeniero informático Paco Sánchez como un desarrollo de Ciencia Ciudadana aplicado a la Astronomía- asegura que el brillo de los paisajes nocturnos aumenta a un ritmo entre el 2% y 6% al año.
El análisis pormenorizado de las imágenes nocturnas de Europa desde la Estación Internacional (ISS), sugiere que más del 85% del continente está cubierto de luz. Los mismos expertos llegan a la conclusión de que las normas sobre la iluminación exterior nacionales contradicen la legislación europea sobre protección del medioambiente, en particular la Directiva de responsabilidad medioambiental de la UE (Directiva 2004/35/ CE) y la Directiva de hábitats (Directiva 92/43/ CEE del Consejo).
La Noche de Europa, propone abrir el debate para unificar normas y criterios en la Unión Europea con la participación de expertos y ciudadanos. En el contexto español, las propuestas del Ministerio de Industria sobre alumbrado público no concuerdan con las directrices del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, extremo sobre el que ha llamado la atención la Red Española de Estudios para la Contaminación Lumínica (REECL).
La Declaración sobre la Defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a la Luz de las Estrellas (La Palma, abril 2007), texto redactado e impulsado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), es una referencia a nivel planetario y el más completo punto de partida para luchar contra la contaminación lumínica. El padre de la investigación astronómica en España -fundador en 1975 del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y desde 1961 promotor del Observatorio del Teide- Francisco Sánchez, defendió la necesidad de proteger los cielos de Tenerife y La Palma. La Ley del Cielo que impulsó es pionera en el mundo. Europa observa e investiga en las islas Canarias.
De los cielos del viejo continente salieron respuestas a preguntas que nunca habían podido ser contestadas. Su larga y fecunda Historia es Europa. Ninguno de los avances habría sido posible si los cielos de los “grandes” observadores hubieran estado cerrados, contaminados por la polución lumínica, la que nos priva del paisaje celeste.
Desde Europa en Suma, proponemos “sumar”: ¡es lo nuestro!, las horas nocturnas al Día 9 de mayo
¡Tantas gracias como estrellas seáis capaces de contar por vuestro apoyo!
No se trata de bellas palabras que iluminen discursos y convenciones, palabras que a fuer de repetirlas se conviertan en un mantra adormecedor; se trata de inspirar políticas concretas comprometidas, solidarias y armónicas con esos valores que entre todos estamos impulsando y que el sentido común dice que son esos y no otros los que nos llevarán por un camino cuando menos transitable.
1. PREGUNTAS Y REFLEXIONES SOBRE LA UE Y SU POLÍTICA DE COMUNICACIÓN
¿Por qué no llegamos a los ciudadanos?
1.1. Factores inherentes al propio proceso de construcción europea
1.1.1. La comunicación es muy importante, pero sola no arregla nada: no endereza políticas no gana voluntades si hemos cometidos errores o tomado caminos equivocados. Los problemas de comunicación, derivados de políticas alejadas de las preocupaciones sociales y el hecho de que muchos ciudadanos sientan que cada vez ceden más poder a unas instituciones en las que no se ven representados, están lanzando el populismo y el rescate de los discursos nacionalistas. Parece haber desaparecido un euroescepticismo sano y crítico, y crecen exponencialmente las ideas frontalmente antieuropeístas.
1.1.2. Tenemos a una Unión Europea donde está ocurriendo una tormenta perfecta, al verse azotada por una multicrisis, (institucional, económica y política) y en un impasse institucional que la mantiene en estado vegetativo: viva, pero sin síntomas de mejoría.
Portavoces comunitarios, periodistas, editores y sociedad civil buscan en Madrid la mejor manera de comunicar Europa
A veces oímos quejarse a algún responsable político comunitario de que no llegan a los ciudadanos, que falla la comunicación. Los periodistas se preguntan si hacen una buena cobertura informativa de los temas europeos y una adecuada pedagogía europeísta. Y los ciudadanos aseguran no entender cómo y por qué se toman algunas decisiones en la UE. Esa es la razón por la que la asociación EuropaEnSuma, con el apoyo de la Comisión Europea, Parlamento y la Secretaría de Estado de Asuntos Europeos ha reunido a portavoces de las más importantes instituciones comunitarias, jefes de Internacional de los grandes medios españoles, editores de programas e informativos de radio y televisión, y representantes de las asociaciones europeístas para reflexionar en común y elaborar sugerencias y propuestas.
Programa Europa es el mensaje
Viernes 18 de Mayo de 2018 de 9:00 AM.a 15:00 PM
Sede de la Comisión Europea. Paseo de la Castellana, nº 46 - Madrid
Que corren malos tiempos para el europeísmo, es innegable. También lo es que, en una Europa en la que parece haber desaparecido un euroescepticismo sano y crítico, crecen exponencialmente las ideas frontalmente antieuropeístas. Esta misma semana se filtraba a la prensa un borrador del acuerdo de Gobierno en Italia en el que se contemplaba la creación de un mecanismo para salir del euro.
Mientras tanto, tenemos a una Unión Europea donde está ocurriendo una tormenta perfecta, al verse azotada por una multicrisis, (institucional, económica y política) y en un impasse institucional que la mantiene en estado vegetativo: viva, pero sin síntomas de mejoría.
Weber sostenía que “no puede haber poder sin legitimación por parte de los ciudadanos”, y probablemente el descrédito que está viviendo en estos momentos Bruselas es, en parte, resultado de un diagnóstico erróneo que ha llevado a aplicar los remedios equivocados. El mejor ejemplo de todo ello es el Parlamento Europeo, una institución que (afortunadamente) ha ido ganando peso en la toma de decisiones comunitaria y que es el símbolo de la democracia continental. Sin embargo, hemos pecado de ingenuos los europeístas, al pensar que por dotar de más poder a una Asamblea en la que votan poco más que el 50% del censo europeo, las instituciones comunitarias se iban a acercar por arte de magia a los ciudadanos. Casi me atrevería a decir lo contrario. Muchos ciudadanos sienten que cada vez ceden más poder a unas instituciones en las que no se ven representados, y de ahí el nicho electoral que ha surgido en el último lustro a los populismos que tratan de rescatar el discurso de la soberanía nacional.
Obviamente, no estoy afirmando que no sea partidario de dotar de más poder al Parlamento Europeo. Al contrario, cuanto más poder, más democrática será la Unión en teoría. Sólo pienso que, aunque teníamos el diagnóstico adecuado (la percepción de lejanía de Europa por parte de los ciudadanos), no hemos sido capaces de ponerle remedio, y de aprovechar esos avances institucionales para comunicarlos con eficiencia a las sociedades europeas.
Después de una encuesta que no cumple las expectativas, después de unos malos resultados electorales, estamos hartos de oír a los líderes políticos que no han sabido explicar sus políticas, que no han sido capaces de hacer llegar a los ciudadanos los méritos de sus propuestas, que el problema no es la política, que el fallo es la comunicación. Y, no, la cuestión es que por mucho que se retuerce el relato las cosas son como son y los frutos de esas políticas que los gobiernos consideran incuestionables no satisfacen las necesidades reales y objetivas o, simplemente subjetivas, de los ciudadanos. Para cambiar el relato hay que, primero, rectificar las políticas.
Algo parecido ocurre con la Unión Europea. Ante la creciente desafección ciudadana nos preguntamos ¿cómo comunicar Europa? Ciertamente, las prácticas comunicativas de las instituciones europeas pueden ser mejorables y no digamos ya el modo de afrontar la UE por parte de los medios nacionales. Pero ¿y si el problema fuera el producto? ¿y si el relato no conquista a los europeos porque las políticas europeas no atienden a sus necesidades y preocupaciones? Creo que lo primero es examinar si existe ese desacople entre el producto servido por las instituciones europeas y las expectativas ciudadanas. El proceso de integración europeo ha garantizado décadas de paz y producido una cierta homogeneidad social, pero esos logros se dan por descontados y no se puede seguir invocándolos como único argumento.
¿Cuáles son esas expectativas ciudadanas? Es difícil decirlo, porque varían de unos países a otros, en función de las distintas realidades nacionales. Y es que el primer problema es la falta de un demos europeo. Están bien en insistir en los símbolos, pero un debate común en aquel en el que se manifiesta una verdadera opinión pública europea no se producirá sino en torno a decisiones tomadas directamente por la ciudadanía sobre grandes proyectos europeos. Un paso positivo para crear ese demos común podría ser las listas transnacionales al Parlamento, pero también formas de participación común para toda la población: consultas e incluso referéndums que se computaran a nivel de toda la Unión, no país por país.
Al iniciar el debate sobre la comunicación de y en Europa la primera pregunta que cabría plantearse es la más sencilla: ¿nos creemos Europa? Más allá de una mera y simple respuesta afirmativa, sería necesario profundizar en el sentido de esa creencia: ¿consideramos a Europa como patria o como un mero accidente geográfico-administrativo?
Del desarrollo interior de nuestras respuestas dependerá en gran parte la calidad del mensaje a transmitir. Por supuesto, se puede argumentar de manera impecable para vender con gran éxito un crecepelo, un ungüento o el jarabe curalotodo a los que no creemos en tales sustancias milagrosas. Pero, comunicar, transmitir un sentimiento solo puede surgir del corazón, y derivadamente del convencimiento de que ése es nuestro mundo, nuestra familia, nuestro ámbito natural de crecimiento y desarrollo, y el territorio que albergará nuestras cenizas cuando haya transcurrido nuestro tiempo.
Entiendo por lo tanto que el principal defecto que aprecio generalmente en la comunicación sobre Europa es la ostensible carencia del sentimiento de pertenencia a una patria llamada así, Europa. La principal diferencia entre hablar de una patria, chica o grande, y un ente abstracto, es evidente: de la primera se habla con indisimulado cariño, se reconocen los defectos, aunque siempre minimizados ante las grandezas reales, posibles o incluso imaginadas. Al ente abstracto en cambio no se le pasa ni una; es más, hay una mayor proclividad a magnificar los defectos, dar por supuestas las virtudes y relativizar las ventajas.
Por obvias razones históricas, los ciudadanos europeos no han sido educados en el amor a la patria Europa. Más aún, si en estos tiempos sería harto difícil encontrar patriotas “dispuestos a verter hasta la última gota de sangre”, como rezaba la fórmula en las juras de bandera de todos los ejércitos del mundo, mucho menos se hallarían individuos dispuestos a honrar semejante juramento por un ente llamado Europa.
Con el fin de comunicar mejor Europa creo que es necesario abrir un debate profundo y para ello nada mejor introducir al menos 30 preguntas en 12 bloques:
Las políticas de información y comunicación de la UE
¿Han logrado cerrar la brecha entre las instituciones y la ciudadanía?
¿Es posible una buena política de información sin una política institucional creíble?
El papel de las instituciones a la hora de comunicar Europa
¿Se produce un exceso de información?
¿Son sus mensajes, burocráticos, distantes y técnicos?
¿Coinciden las políticas de la UE con las preocupaciones de los ciudadanos o con las prioridades de las élites europeas?
¿Es preferible una propaganda que genere falsas expectativas o la información crítica?
¿Por qué prima la prensa sobre la televisión?
¿Cómo mejorar el papel de las Representaciones de la Comisión Europea, oficinas del Parlamento o los Estados miembros y sus regiones y administraciones locales?
La idea de una política eficaz de información y comunicación es algo que ha preocupado a los responsables comunitarios desde el comienzo del proceso de construcción europea, ya desde la creación de la CECA en el no tan lejano 1951. Y ello, siempre con el muy loable y necesario propósito de acercar a los ciudadanos a las instituciones europeas (y viceversa) y de hacerlos partícipes y protagonistas de esa marcha laboriosa y problemática hacia una mayor integración, que estaba en el pensamiento de los padres fundadores de lo que hoy es la Unión Europea.
Las visiones y las estrategias sobre cómo despertar el interés de la gente por los asuntos europeos y por el trabajo de las instituciones, con sus dificultades, sus logros y sus fracasos, y de destacar la trascendencia de todo eso en la vida diaria de los ciudadanos, han variado en todos estos años, pero sus resultados han sido siempre muy limitados y en general muy frustrantes. La labor de los “funcionarios de Bruselas” (a los que es muy frecuente aludir con tonos reticentes y sarcásticos), el trabajo de los europarlamentarios, las reuniones y los encuentros de los líderes y hasta las grandes decisiones y los hitos en el camino de la unidad de Europa son percibidos como algo elitista, tecnocrático, distante, críptico y alejado de las realidades y los problemas cotidianos de la gente corriente.
Si se admite, como es el caso, que en su día el Tratado de Maastrich, fundamento de la UE, no se le supo explicar suficiente y eficazmente a la gente, lo que trajo consigo rechazos, controversias y malentendidos innecesarios y agotadores, es de temer que las cosas en ese terreno no hayan cambiado mucho. Y eso que la Comisión actual de Jean-Claude Juncker ha apostado por entrar en contacto con la opinión pública europea de una forma más directa, apelando a la transparencia, a una mayor responsabilidad ante los ciudadanos, al compromiso de responder a las preocupaciones reales y a los puntos de interés e inquietud de la gente de la calle, a la que hay que convencer, con hechos, de las bondades de una Europa que se quiere integrada, unida y solidaria. La idea es… hacer cosas, y que las cosas, los hechos, hablen por sí mismos, y hablen bien de la Unión Europea.
Cómo hacer más y mejor periodismo europeo, es lo que nos convoca al seminario. En ese sentido, se trata de introducir más Europa en nuestro periodismo, sea por incluir y vincular mas la agenda comunitaria a nuestra cotidianidad informativa o, al revés, por buscar el ángulo europeo, la reflexión comparativa o continental de los asuntos nacionales y locales. Un enfoque algo distinto de la fórmula propuesta: "la manera más eficaz de comunicar Europa", se nos dice.
Comunicar, es función de los departamentos de las instituciones europeas -y por tanto también de las españolas-, mientras lo nuestro es el periodismo, como aclaró en un reciente artículo, la veterana Soledad Gallego-Díaz, al recomendar no confundir los departamentos de comunicación institucionales o corporativos con las redacciones.
Más allá del matiz, y para no repetir las sesudas reflexiones de los artículos ya publicados, unas pinceladas sobre las 4 preguntas que se nos han formulado: ¿sabemos los periodistas contar Europa; qué o quién nos lo impide; ¿qué nos falta para una buena cobertura y una adecuada pedagogía europeísta, y qué demandan los ciudadanos? Empecemos por el qué o quién....
Una nueva narrativa europea para una ciudadanía comprometida
Europa, en este momento, debe tener mucho más cuerpo que alma, mucha más materia que espíritu, muchos más proyectos y realidades que ideas inspiradoras.
En un primer momento la narrativa europea giraba en torno al poder de atracción de palabras como paz y progreso; no en vano arrancaba de la nefasta experiencia de las dos guerras mundiales vividas casi exclusivamente en nuestro territorio. Tuvo después un nuevo impulso con la caída del Muro de Berlín, la desaparición de los bloques, el proceso hacia la Unión Política que abre Maastrich y la unificación alemana. Sin duda un excelente soporte para apalancar el trampolín hacia el futuro con palabras igualmente atractivas y propicias para relanzar proyectos como amistad, solidaridad, cooperación. Pero a estas alturas, para las nuevas generaciones europeas, esto es historia y difícilmente se pueden identificar con esta narrativa.
Y llegó 2008 y el estallido de la burbuja, la crisis económica y financiera y, con ella, cifras de parados nunca vistas, aumento de la desigualdad y depauperación creciente de amplias capas de la población. La fe ilimitada en la capacidad de autorregulación de los mercados o la especulación como moneda de uso, chocó bruscamente con la realidad. Y también esos valores, querámoslo o no, formaban parte del tejido de la narrativa europea. Difícil escenario para atraer otra vez a los jóvenes, difícil escenario para crear, para inventar, para motivar. Y sin embargo es más necesario que nunca.
Los medios de comunicación son pieza clave para la articulación de una comunidad de ciudadanos. De ahí la anomalía que supone la orfandad mediática de la UE, resultado de la inexistencia de medios informativos que merezcan llamarse europeos, es decir, que tengan presencia relevante en todo el ámbito geográfico, político, social y económico integrado por los países miembros. Es paradójico, aunque tal vez no, que los más próximos al cumplimiento de las condiciones sine qua non de europeidad —entre las cuales figura la observancia de una cierta neutralidad multidireccional— sean algunos medios informativos norteamericanos. Ese fue el caso del Internacional Herald Tribune, ahora transmutado en The New York Times, o el de la cadena televisiva CNN.
Entre los medios radicados en nuestro continente se pudo pensar que el Financial Times o la BBC desempeñarían también ese papel, pero llegado el momento han acabado enseñando su bandera británica y en cuanto al proyecto de Euronews digamos que es la demostración del abandono de los afanes por impulsar una constelación mediática que fuera capaz de escrutar con toda exigencia a la UE y de emplazarla desde una perspectiva comunitaria sin adherencias nacionales desnaturalizadoras.
Complejidad de un espacio plurilingüístico
El puzle lingüístico de la UE añade dificultades de circulación para los medios que pretendieran expandirse y ser accesibles en igualdad de condiciones en todo el entorno europeo. Unas dificultades atemperadas por el fenómeno espontáneo de la adopción del inglés como lengua vehicular. Podría pensarse que el Brexit, la retirada del Reino Unido que se está negociando en Bruselas, pudiera dejar a ese idioma sin asidero institucional para continuar siendo lengua oficial, habida cuenta de que ya no lo sería de ninguno de los restantes países miembros del Club. Pero, por el contrario, esa condición de idioma exento sin país valedor podría potenciar su funcionalidad como recurso instrumental, porque su uso en absoluto representaría concesión o ventaja para cualquiera de los usuarios, al haber dejado de ser idioma propio de ninguno de ellos.
La jornada de debate Europa es el Mensaje, organizada por la asociación Europa en Suma, reunirá el próximo viernes, 18 de mayo, en la sede de las instituciones europeas en Madrid como ponentes a destacados profesionales del periodismo, tanto del mundo de la televisión, radio, prensa en papel y en Internet.
Entre los nombres confirmados están Pedro García Cuartango, ex director del diario El Mundo; María Eizaguirre, editora del TD2 de TVE; Rosa González, editora de los Informativos Fin de Semana de RNE; David del Cura, director del espacio La Brújula, de Onda Cero y Carlos Sánchez, director adjunto de El Confidencial.
La sesión de trabajo sobre comunicación europea contará con la participación de más de 25 ponentes, entre ellos, portavoces de las instituciones europeas –Parlamento, Comisión y Consejo- y representantes de la sociedad civil europeístas.
Los responsables del Área de Información Internacional de importantes cadenas de radio y televisión de España confirman asistencia a la jornada de debate EUROPA ES EL MENSAJE organizada por Europa en suma en la sede de las instituciones europeas en Madrid para el 18 de mayo. Álvaro Goicoechea (TVE), Rafa Panadero (SER) y Ángel Gonzalo (ONDA CERO) aportarán su experiencia a la hora de proponer a los editores de los informativos de sus cadenas los temas europeos. Experiencia y resultados, si es que los hay. ¿Tienen sensibilidad los editores hacia los temas europeos o siempre hay alguna noticia nacional más importante?
Comenzamos el debate sobre la manera más eficaz de comunicar Europa
En EuropaEnSuma estamos preparando una jornada de trabajo sobre la mejor manera de comunicar Europa. El 18 de mayo nos reuniremos en la sede madrileña de las instituciones europeas portavoces institucionales de la UE, editores, corresponsales, periodistas en general y, por supuesto, la sociedad civil. Si Europa no llega a los ciudadanos, queremos saber por qué. ¿Quién o qué falla? ¿O es que Europa necesita otra narrativa?
Nos preguntamos:
¿SABEMOS LOS PERIODISTAS CONTAR EUROPA?
¿QUÉ O QUIÉN NOS LO IMPIDE?
¿QUÉ NOS FALTA PARA UNA BUENA COBERTURA INFORMATIVA Y UNA ADECUADA PEDAGOGÍA EUROPEISTA?
¿QUÉ DEMANDAN LOS CIUDADANOS
Y empezamos por intentar la respuesta desde aquí, desde este espacio que abrimos para todos los actores -y actores en la construcción europea somos todos- para desbrozar el problema y buscar soluciones. Estás invitados a escribir.