Al Día de Europa le falta la Noche Noche de Europa, Derecho al Cielo

Gobernanza responsable para cuidar y promocionar, con claridad, nuestros cielos oscuros

 

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9 de mayo, Noche de Europa, Europe Night. En la bandera de la Unión Europea hay 12 estrellas, de oro, confusas y borrosas para la mayoría de sus 446 M. de habitantes. ¿Qué significado tienen las estrellas? La PAC en Castilla León, España. Crédito: Fernando Cabrerizo

 

La Unión Europea desperdicia cada año miles de millones de euros en “iluminar” el cielo y apagar las estrellas ¡Extravagante, sí! De no ser por el grave daño que causa, semejante estupidez movería a la risa. Con esta inversión, los socios de la UE contribuyen a la contaminación lumínica -España encabeza el consumo de alumbrado público por habitante-. A  falta de un mayor esfuerzo investigador, ya sabemos que el exceso de luz artificial afecta a los procesos físicos y químicos de la Tierra, compromete la salud de cientos de especies, incluida la nuestra, altera el proceso de reproducción de un sinfín animales o desajusta los relojes biológicos, entre otras calamidades.

 

El fulgor innecesario nos quita el sueño, crea un problema medioambiental grave y cierra la ventana desde la que los científicos se asoman al Universo. Europa debe cuidar las noches limpias para que la íntima y remota relación entre el progreso y la observación del cielo continúe.


¿Por qué la Noche de Europa?

 

Porque al Día de Europa, #EuropeDay!, precede la Noche, claro. Cada 9 de mayo celebramos, desde 1985, la paz y la unidad del continente; hasta ahora, nos habíamos olvidado de la noche, unas cuantas horas de las 24 que tarda la Tierra en dar una vuelta completa sobre su eje. Europa necesita la noche más de lo que cree: juega en la ambiciosa carrera por la neutralidad climática. Tenemos poco tiempo para recuperar la oscuridad natural nocturna. Si conformamos voluntades, como ya lo hicimos en situaciones de emergencia -esta vez es climática- la Noche de Europa nos ayudará a poner la luz artificial al servicio del clima.

 

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Izar y Jokin observan una conjunción planetaria entre Venus (abajo) y Júpiter (se ven los satélites principales). La imagen se captó cerca de Figueres, Girona. Los dos niños forman parte del 25% de la población mundial que aún vive bajo cielos limpios. Crédito: Juan Carlos Casado.

 

La Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) simboliza no solo una empresa común con la que dar energía a Europa, sino también el rechazo de la guerra; recordemos que la Segunda Guerra Mundial se combatió con carbón y acero. La Política Agrícola Común (PAC, 1962), volvió a unirnos en un momento en el que la memoria del hambre y la escasez estaba bien viva en la mente de los hombres. Se trataba de garantizar que todos pudiesen tener alimentos y proporcionar un nivel de vida digno a los agricultores. En nuestros días, la pandemia, otra vez la guerra.

Toca luchar por el futuro, vinculado de modo ineludible a la salud del planeta, con la integridad del medio ambiente, esta última protegida por el artículo 37 de la Carta de Derechos Fundamentales. La UE se ha comprometido a alcanzar la neutralidad climática no más tarde de 2050 y a reducir, en al menos un 55%, las emisiones de CO2 de aquí a 2030. La Ley Europea del Clima es ya una realidad jurídica ¿Será capaz no solo de generar un amplio consenso social sino de movernos a la acción? ¿Cumpliremos nuestras promesas y lograremos reducir las emisiones de CO2, NOX, SO2 y otras partículas generadas por el alumbrado innecesario? ¿Disminuirá el brillo de los paisajes nocturnos, esa especie de neblina de color anaranjado con nubes refulgentes que cubre las ciudades durante la noche? Las lámparas LED, según los expertos en contaminación lumínica, generan 2,5 veces más polución ¿Eficiencia energética a cambio de suciedad atmosférica?

 

La población urbana ha aumentado y seguirá haciéndolo en los próximos años de manera exponencial. Naciones Unidas prevé que las ciudades seguirán creciendo, aunque no en igual medida. En Europa, ahora, el 74% de sus habitantes vive en entornos urbanos, sin paisajes celestes. Dentro de pocos años, tan elevado porcentaje de población, si contempla la Vía Láctea será por accidente – tormenta geomagnética, apagón eléctrico, terremoto, etc., - y creerá que se trata de una extraña presencia en el cielo, como ocurrió en Northridge, Los Ángeles, en 1994.

La Noche de Europa, apuesta por una regulación europea que reduzca drásticamente las alteraciones nocivas de la atmósfera terrestre provocadas por la luz, un contaminante ambiental “invisible”. Es una apuesta verde, sostenible y emocionante.

 

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La Estación Óptica Terrestre (OGS), de ESA, en el Observatorio del Teide (IAC), rastrea el firmamento en busca de desechos espaciales y asteroides cercanos. Crédito: Juan Carlos Casado.

 

El equipo de investigadores de Stars4all, Fundación española que tiene su origen en el proyecto europeo del mismo nombre -ideado por el malogrado ingeniero informático Paco Sánchez como un desarrollo de Ciencia Ciudadana aplicado a la Astronomía- asegura que el brillo de los paisajes nocturnos aumenta a un ritmo entre el 2% y 6% al año.

El análisis pormenorizado de las imágenes nocturnas de Europa desde la Estación Internacional (ISS), sugiere que más del 85% del continente está cubierto de luz. Los mismos expertos llegan a la conclusión de que las normas sobre la iluminación exterior nacionales contradicen la legislación europea sobre protección del medioambiente, en particular la Directiva de responsabilidad medioambiental de la UE (Directiva 2004/35/ CE)  y la Directiva de hábitats (Directiva 92/43/ CEE del Consejo).

La Noche de Europa, propone abrir el debate para unificar normas y criterios en la Unión Europea con la participación de expertos y ciudadanos. En el contexto español, las propuestas del Ministerio de Industria sobre alumbrado público no concuerdan con las directrices del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, extremo sobre el que ha llamado la atención la Red Española de Estudios para la Contaminación Lumínica (REECL).

La Declaración sobre la Defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a la Luz de las Estrellas (La Palma, abril 2007), texto redactado e impulsado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), es una referencia a nivel planetario y el más completo punto de partida para luchar contra la contaminación lumínica. El padre de la investigación astronómica en España -fundador en 1975 del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y desde 1961 promotor del Observatorio del Teide- Francisco Sánchez, defendió la necesidad de proteger los cielos de Tenerife y La Palma. La Ley del Cielo que impulsó es pionera en el mundo. Europa observa e investiga en las islas Canarias.

De los cielos del viejo continente salieron respuestas a preguntas que nunca habían podido ser contestadas. Su larga y fecunda Historia es Europa. Ninguno de los avances habría sido posible si los cielos de los “grandes” observadores hubieran estado cerrados, contaminados por la polución lumínica, la que nos priva del paisaje celeste.

 

Desde Europa en Suma, proponemos “sumar”: ¡es lo nuestro!, las horas nocturnas al Día 9 de mayo

¡Tantas gracias como estrellas seáis capaces de contar por vuestro apoyo!

 

 

 

Cuatro años de guerra en Ucrania: unidad política y fractura estratégica en la Unión Europea

Febrero de 2026 marca 4 años de la invasión rusa de Ucrania, un conflicto que ha transformado de manera profunda la arquitectura de seguridad europea y la propia naturaleza de la acción exterior de la Unión Europea (UE). Lo que comenzó en 2022 como una crisis aguda en la periferia oriental se ha convertido en un elemento estructural de la política europea. Cuatro años de guerra no sólo redefinieron la relación entre Europa y Rusia, también la capacidad de la Unión para actuar como un actor geopolítico coherente.

Cuatro anyos de guerra en Ucrania.unidad politica y fractura estrategica en la Union EuropeaAutor de la imagen: Parlamento Europeo.

El balance europeo es paradójico. Por un lado, la UE ha alcanzado niveles inéditos de implicación política, económica y militar en apoyo a Ucrania. Por otra parte, el tiempo hace visibles las limitaciones institucionales y las divisiones políticas que dificultan sostener ese apoyo a largo plazo.

El mayor ejemplo de esto se ha producido precisamente en el cuarto aniversario de la invasión. Mientras el Parlamento Europeo reafirmó su apoyo a Ucrania y defendió la continuidad de la ayuda política, económica y militar, los Estados miembros no lograron acordar nuevos compromisos significativos. Este contraste refleja una realidad cada vez más evidente: la unidad política europea existe en el plano declarativo, sin embargo resulta más difícil de sostener cuando implica acciones concretas.

Desde 2022, el apoyo europeo ha sido decisivo para la supervivencia del Estado ucraniano. La ayuda financiera, militar y humanitaria, las sanciones contra Rusia y la acogida de millones de refugiados han situado a la Unión Europea como actor central del conflicto. Al mismo tiempo, la guerra ha impulsado cambios estructurales en la política europea, desde el aumento del gasto en defensa hasta la reducción de la dependencia energética rusa y el impulso al proceso de adhesión ucraniano.

Sin embargo, el cuarto aniversario confirma que la guerra ha entrado en una fase de desgaste que pone a prueba la cohesión europea. A diferencia de los primeros meses del conflicto, cuando el consenso fue rápido y amplio, las decisiones actuales se ven condicionadas por factores internos: desaceleración económica, ciclos electorales, fatiga política y divergencias estratégicas entre Estados miembros.

Estas tensiones reflejan un problema estructural más profundo. La política exterior europea sigue dependiendo en gran medida de la unanimidad entre los Estados miembros, lo que otorga a cada gobierno un poder de bloqueo significativo. Hungría lo sabe bien y las bloqueó en solitario esta vez. En un contexto de guerra prolongada, este sistema dificulta la adopción de decisiones rápidas y coherentes, especialmente cuando los costes económicos y políticos aumentan con el tiempo.

Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, se encuentra en un triple dilema. El primer dilema, la oposición húngara tiene posibilidades de provocar su salida del Gobierno y no quiere arriesgarse a aprobar medidas que reduzcan sus probabilidades de mantenerse en el poder. El segundo, su estrecha relación con Vladimir Putín siendo el único aliado real que le queda al líder ruso dentro de la UE. El tercero es la dependencia económica de Hungría de las ayudas europeas que pueden forzarle a suavizar su posición.

Desde una perspectiva de relaciones internacionales, la guerra ha situado a Europa ante tres dilemas estratégicos. El primero es el equilibrio entre seguridad y fatiga política: aunque el apoyo institucional a Ucrania sigue siendo firme, el consenso social y político muestra signos de erosión en algunos países. El segundo es la tensión entre unidad europea y soberanía nacional, que se manifiesta en los bloqueos dentro del Consejo. El tercero es la cuestión de la autonomía estratégica europea, especialmente relevante en un contexto de incertidumbre sobre el compromiso a largo plazo de Estados Unidos con la seguridad del continente.

En este sentido, la guerra de Ucrania ha actuado como catalizador de la integración europea en materia de defensa y seguridad, pero también como recordatorio de sus límites. La Unión Europea ha demostrado que puede movilizar recursos de forma significativa y sostener a un socio en guerra durante años. Sin embargo, también ha quedado claro que su capacidad de acción depende en última instancia de la voluntad política de todos los Estados miembros.

Cuatro años después del inicio de la invasión, la guerra ha dejado de ser una crisis excepcional para convertirse en una condición permanente del entorno estratégico europeo. El futuro de Ucrania está cada vez más vinculado al de la Unión Europea, pero también lo está el futuro de la propia Europa como actor internacional.

El contraste entre el respaldo político expresado por el Parlamento Europeo y las dificultades del Consejo para acordar nuevas medidas resume bien el momento actual. Europa sigue comprometida con Ucrania, pero ese compromiso es cada vez más difícil de traducir en decisiones concretas. También ha dejado en evidencia la soledad de Orban al ser el único que ha vetado estas medidas.

La guerra no solo se libra en el frente ucraniano; también se libra en la capacidad de Europa para sostener su propia unidad.

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